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Respuestas al amor de Cristo

  • Foto del escritor: David Rennella
    David Rennella
  • hace 3 horas
  • 2 Min. de lectura

"Arraigdos en Cristo"

Compartimos palabras de Martín y Gregorio, quienes recientemente se han consagrado a Cristo como respuesta a su infinito amor

¿Qué Palabra te acompañó en este proceso?

En mi proceso vocacional resonó mucho aquellas palabras que el Ángel le decía

a José en un sueño: "Levántate, toma al niño y a su Madre, y huye a Egipto.

Quédate hasta que yo te lo diga..." (Mt. 2, 13).



El Señor me sacó de mi lugar, de mi provincia, de mis "comodidades" hasta que un buen día, me condujo con mucha caridad hasta las Escuelas Pías, esta tierra fértil, en dónde El quiso plantarme para que pueda, a su tiempo, dar frutos.



Hoy doy gracias a Dios porque encontré, así como encontró Calasanz, el lugar definitivo para servirlo a Él. Mediante la Profesión Simple, deseo entregarme, para que siendo pobre, casto y obediente, pueda dar todo de mí a los Niños, y pueda ser un Idóneo Cooperador de la Verdad, a imagen de Nuestro Santo Padre, José de Calasanz.


Puedo decir, también con mucha alegría, que he encontrado ese tesoro en el campo, y que estoy dispuesto a dejar todo, para poder correr tras el y nunca dejarlo. Solo le pido que me conceda la gracia de estar, cómo estuvo la Santísima Virgen, firme "junto a la Cruz"



¿Qué sentimientos te acompañan en estos días previos a tu ordenación?

Nuestro Santo Padre Calasanz se enamoró tanto del rostro del Maestro que le mostraban los niños, que pudo decir de una vez y para siempre:

«He encontrado en Roma el mejor modo de servir a Dios, ayudando a estos pobres muchachos; no lo dejaré por nada del mundo.»

Fue la quema de las naves en la vida de Calasanz.


Todos los que nos sabemos sus hijos, en algún momento de nuestra historia vivimos una experiencia similar. Cuando encontramos el lugar desde donde el Señor nos llama, quemamos nuestras naves, para dejarlo todo por Él. Yo, en particular, experimenté que Dios me decía en el corazón: “los niños piden pan… y no hay quién se lo reparta”.


Esas palabras que sembró Dios me cambiaron la vida. Todo mi noviciado fue un aprender a encarnar y decirle al Señor «¡aquí estoy, dispuesto a hacer tu voluntad!» (Hb 10,7). En ese proceso aprendí a escuchar su voz de Espíritu y a secundarla. Así, también yo, encontré la manera definitiva de servir a Dios, y es haciendo el bien a los pequeños. No quiero dejarlo por nada del mundo.


La profesión de votos que hice es un signo de ello, de una unión íntima con el Señor, a quien descubrí como un Maestro, que desde su Cruz me enseña a vivir esta consagración y me muestra que mi vida entera es un misterio de su Amor.



 
 
 

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