• P. Mariano Bozzini

Vengan ustedes solos a un lugar aparte

Reunidos en Comunidad de fe por el amor que el Padre nos ha dado

y por la vocación calasancia, e imitando el estilo de vida de Cristo con sus discípulos

y de la Iglesia primitiva con María, somos en cierto modo

ministros de la esperanza del Reino futuro y de la unión fraterna entre los hombres.

Constituciones 25


Decía un santo de la antigüedad que los hombres somos como los rayos de una rueda: cuanto más nos acercamos al Centro, más nos acercamos también entre nosotros. Y es por eso que, cuando Dios está en el centro de nuestra vida y de nuestra comunidad, cuando Cristo reina en nosotros, surge la unidad entre los hermanos.

Así, a la sombra protectora de Cristo Rey, titular de nuestra parroquia de Mar del Plata, los jóvenes escolapios, se reunieron en esta tierra costera, para recuperar fuerzas, recrearse, compartir la alegría de la fraternidad, orar y aprender juntos.


Los días 8, 9 y 10 de octubre se realizó en el complejo Calasanz un nuevo encuentro de formandos, es decir, de aquellos que están formándose para llegar a ser religiosos escolapios plenos, de votos solemnes. Diecinueve jóvenes de Cristo, que están transitando su formación inicial, en alguna de sus tres etapas: Prenoviciado, Noviciado, o Juniorato


Durante el encuentro, el P. Sergio Conci SchP. nos brindó un espacio formativo en vistas a mejorar nuestra práctica educativa.


También visitamos nuestra parroquia y las capillas atendidas por ella. En cada una nos dejamos iluminar por los santos a los que están dedicadas: junto a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, pusimos nuestras cruces

y dolores; junto a San Luis Gonzaga, oramos por nuestros jóvenes, para que deseen

y sean fieles a Cristo.



Junto a Santa María Reina de la Paz, pusimos nuestra vida bajo el servicio de esta verdadera Reina, y oramos especialmente pidiendo la paz; junto a San Ignacio

y San Francisco Javier, le pedimos al Señor que nos

dé un corazón generoso para servirlo y anunciarlo

con entrega y arrojo; junto a Santa María, Madre

de Dios, oramos por nuestra Orden y nuestra vocación escolapia; y junto a San Ramón Nonato, dimos gracias a Dios por el don de nuestra vida, y pedimos especialmente por nuestros niños.


En todas ellas fuimos acogidos con entrañable afecto, y el Señor se encargó de sorprendernos con la presencia de niños, con quienes pudimos compartir nuestra oración. El P. Ricardo, cura párroco de Cristo Rey, y el P. Suresh nos recibieron y acompañaron en cuanto pudieron, haciéndonos parte de la vida de la comunidad.

Y por supuesto, en el encuentro disfrutamos de la maravilla de la naturaleza, de la inmensidad del mar; del regalo de la creación. Disfrutamos también de la belleza de la fraternidad, en el trabajo compartido, en las largas conversaciones, en el descanso acompañado, en la oración en común, especialmente, en la celebración de la Santa Misa. Poniendo los dones al servicio de la comunidad, descubrimos la riqueza y la bendición que es cada uno de los hermanos.

Nos llena de esperanza ver

lo que Dios ha formado.

¡Qué plenitud experimentamos, cuando Cristo es quien

nos hermana! Roguemos

al Dueño de la mies que incorpore a otros a esta Comunidad, que quieran experimentar el gozo

del salmista: “¡Qué bueno

y agradable es que

los hermanos vivan unidos!” (Sal. 133 (132), 1).




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